El fútbol mundial está al borde de un terremoto histórico. Joan Laporta, el presidente del FC Barcelona, ha dado un paso audaz y ha enviado oficialmente una oferta de contrato contundente a Cristiano Ronaldo, el eterno ídolo portugués que actualmente defiende los colores del Al Nassr en la Saudi Pro League. Lo que parecía un sueño imposible, una fantasía de hinchas nostálgicos, podría convertirse en realidad en medio de un conflicto sin precedentes que sacude las arenas de Arabia Saudita.

Todo comenzó con la enigmática ausencia de Cristiano Ronaldo en el reciente partido del Al Nassr contra el Al Riyadh. El capitán portugués, de 41 años, no apareció en el once inicial ni en el banquillo, y aunque inicialmente se habló de una posible lesión menor, la verdad salió a la luz con rapidez. Fuentes cercanas al entorno del jugador y medios portugueses como A Bola revelaron que se trataba de un gesto de protesta deliberado.
Ronaldo está profundamente decepcionado con el manejo del Fondo de Inversión Pública Saudita (PIF), el ente que controla mayoritariamente al Al Nassr y a otros gigantes del fútbol saudí como Al Hilal, Al Ittihad y Al Ahli.

El astro lusitano siente que el PIF no actúa con neutralidad. Mientras clubes rivales como el Al Hilal reciben refuerzos de alto calibre y mantienen una ambición desmedida, el Al Nassr ha vivido un mercado de fichajes invernal invernal extremadamente discreto. Solo llegó un joven talento local de 21 años, Haydeer Abdulkareem, mientras que se rumoreaban movimientos mucho más impactantes para mantener el nivel competitivo. Además, decisiones internas como la congelación de poderes de aliados clave de Ronaldo en la directiva —el CEO José Semedo y el director deportivo Simão Coutinho— han dejado al portugués en una posición de aislamiento.
Para CR7, esto no es solo una cuestión deportiva: es una traición a la promesa de construir un proyecto ganador que lo convenció de firmar en Arabia en 2023.

La gota que colmó el vaso llegó con la ausencia confirmada en un segundo partido consecutivo, frente al Al Ittihad. Miles de aficionados del Al Nassr respondieron con lealtad conmovedora: en el estadio Al-Awwal Park, exhibieron pancartas amarillas con el número 7 y el nombre de Ronaldo, mostrando su apoyo incondicional al capitán en medio de la tormenta. El equipo ganó sin él, gracias a goles de Sadio Mané y otros, pero la imagen del vacío en el ataque era evidente. Ronaldo no solo es el máximo goleador de la liga; es el alma del proyecto saudí.

En este contexto de crisis abierta, Joan Laporta vio la oportunidad perfecta. El presidente blaugrana, siempre audaz y visionario, no dudó en actuar. Fuentes internas del FC Barcelona confirman que se ha remitido una oferta formal al agente de Ronaldo, Jorge Mendes, con condiciones económicas ambiciosas adaptadas a la realidad financiera del club catalán, que ha mejorado notablemente gracias a los levers económicos y al regreso progresivo a la normalidad en el fair play financiero.
La propuesta incluye un contrato de duración corta pero impactante, con incentivos por goles y títulos, y la posibilidad de que CR7 se convierta en el embajador definitivo del renacimiento del Barça en la era post-Messi.
El movimiento no es nuevo en la mente de Laporta. Hay que remontarse a 2003, cuando un joven Cristiano Ronaldo, entonces en el Sporting de Lisboa, fue ofrecido al Barcelona por 17 millones de euros. Laporta, en aquel momento, priorizó otras incorporaciones como Ronaldinho y Rafael Márquez, y el portugués acabó en el Manchester United de Sir Alex Ferguson por 19 millones. Desde entonces, Laporta ha reconocido públicamente en varias entrevistas que fue uno de los “errores” más caros de su primer mandato. Ahora, más de dos décadas después, el destino parece querer cerrar ese círculo inconcluso.
La noticia ha dejado en shock al Real Madrid. El eterno rival blanco, donde Ronaldo vivió sus años dorados con cuatro Champions League y múltiples récords, observa con incredulidad cómo su máximo referente histórico podría vestir la camiseta blaugrana. Fuentes madridistas aseguran que el club merengue no moverá ficha por respeto a su legado, pero internamente hay preocupación por el impacto mediático y emocional que supondría ver a CR7 en el Camp Nou (o en el futuro Spotify Camp Nou renovado).
Los propietarios saudíes del PIF, por su parte, se encuentran en una encrucijada. El contrato de Ronaldo incluye una cláusula de rescisión que ronda los 44-50 millones de euros según diversas informaciones, una cifra accesible para gigantes europeos pero que representa un golpe al proyecto de expansión del fútbol saudí. Si el portugués abandona, el Al Nassr perdería no solo a su estrella, sino gran parte de su atractivo global. Sin embargo, el conflicto actual podría forzar una salida amistosa o una negociación acelerada.
Para el Barcelona, fichar a Cristiano Ronaldo sería mucho más que un refuerzo deportivo. A sus 41 años, el luso sigue demostrando un hambre insaciable: promedia más de un gol por partido en Arabia y mantiene una condición física envidiable. Su llegada impulsaría el marketing del club a niveles estratosféricos, atraería patrocinadores y llenaría estadios en todo el mundo. Además, representaría un mensaje potente: el Barça, pese a las dificultades económicas recientes, sigue siendo capaz de soñar en grande y atraer a las leyendas vivas del fútbol.
Por supuesto, no todo es color de rosa. Hay interrogantes. ¿Aceptaría Ronaldo un salario mucho menor que los casi 200 millones anuales que percibe en Arabia? ¿Encajaría en el esquema táctico de Hansi Flick, que prioriza velocidad y presión alta? ¿Cómo reaccionaría la afición culé, dividida entre la admiración por el genio de CR7 y el rechazo histórico al eterno rival del Madrid? Estas son preguntas que solo el tiempo responderá.
Lo cierto es que el culebrón transcontinental ya está en marcha. Joan Laporta ha jugado una carta maestra en un momento de máxima vulnerabilidad para Ronaldo y el Al Nassr. Si la oferta prospera, el fútbol asistiría a uno de los traspasos más inesperados y mediáticos de la historia reciente. Si fracasa, al menos habrá quedado claro que el Barça no se rinde en su ambición de volver a la élite mundial.
El mundo del fútbol contiene la respiración. ¿Veremos a Cristiano Ronaldo con la camiseta blaugrana en 2026? Parece increíble, pero cada día que pasa, se vuelve un poco más real. El terremoto ya comenzó, y sus réplicas podrían sentirse desde Riyadh hasta Barcelona, pasando por Madrid. Visca el Barça… ¿y quizás visca CR7